
Antoni Vila
Coordinador Laboratorio Servicios Sociales IGOP
Dos señales de cambio en las políticas de cuidados: Cataluña avanza en la integración y la democracia del cuidado entra en el debate público
Las políticas de cuidados de larga duración están experimentando un momento de especial relevancia en España. El pasado mes de noviembre coincidieron dos acontecimientos diferentes, pero profundamente relacionados, que apuntan hacia una transformación necesaria del modelo de atención a las personas con necesidades de cuidados de larga duración. Por un lado, la creación en Cataluña de la Agencia de Atención Integrada Social y Sanitaria (AGAISS)[1]; por otro, la visita de la politóloga Joan C. Tronto[2] a Madrid, con motivo de la presentación del IX Informe FOESSA, en la que impartió la conferencia inaugural sobre la democracia del cuidado.
Aunque se trata de iniciativas de naturaleza diferente -una institucional y otra de carácter teórico y político-, ambas reflejan una misma preocupación de fondo: cómo garantizar de manera efectiva los derechos de las personas en contextos de creciente interdependencia, envejecimiento, discapacidad y complejidad social.
La nueva agencia catalana: una respuesta institucional a la fragmentación
La creación de la Agencia de Atención Integrada Social y Sanitaria de Cataluña responde a un diagnóstico ampliamente compartido por profesionales, administraciones y entidades sociales: la fragmentación entre los sistemas de servicios sociales y el sistema sanitario dificulta una atención adecuada a las personas con necesidades complejas, especialmente a muchas personas mayores.
La AGAISS nace como un organismo público de gobernanza estratégica, con la misión de coordinar, planificar y alinear las políticas sociales y sanitarias. Su función principal no se orienta a la prestación directa de servicios, sino a mejorar la coherencia del sistema, reducir duplicidades y favorecer itinerarios de atención más continuos y centrados en la persona.
Para las entidades y administraciones que operan en el ámbito de los cuidados, esta iniciativa resulta especialmente relevante porque:
- – reconoce que las necesidades de las personas no se ajustan a los compartimentos administrativos;
- sitúa la integración social y sanitaria como una prioridad política;
- permite una mejor planificación basada en datos y en la cooperación interdepartamental.
Al mismo tiempo, el debate generado en Cataluña evidencia que la integración institucional no es un fin en sí misma, sino un instrumento que debe evaluarse en función de su impacto real en la calidad de vida, la autonomía y los derechos de las personas atendidas.
La democracia del cuidado: cuando los cuidados entran en el centro de la política
Casi simultáneamente, la presencia de Joan C. Tronto y su mensaje ha contribuido a situar los cuidados en un marco más amplio: el de la democracia y la justicia social. En su conferencia inaugural, la profesora Tronto recordó que el cuidado no es únicamente una cuestión técnica o asistencial, sino una dimensión central de la vida democrática.
La democracia del cuidado parte de una idea fundamental: todas las personas somos vulnerables e interdependientes y, a lo largo de la vida, necesitaremos cuidados. Desde esta perspectiva, el cuidado no puede seguir siendo tratado como un asunto privado, invisible o residual, sino como una responsabilidad colectiva que debe organizarse democráticamente.
Este enfoque pone el acento en:
- el reconocimiento de las necesidades de cuidado sin estigmatización;
- la distribución equitativa de responsabilidades entre las Administraciones públicas, las personas afectadas, las familias, la comunidad y el sector privado;
- la participación activa de las personas cuidadas y las cuidadoras en la toma de decisiones;
- la centralidad de la dignidad, la autonomía personal y los derechos humanos.
En el ámbito de las personas en situación de dependencia, esta perspectiva supone un cambio profundo: pasar de modelos centrados en la gestión de servicios a modelos que reconozcan a las personas como sujetos de derechos, con voz y capacidad de decisión, tal como establece la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Dos caminos diferentes, una misma dirección
La creación de la AGAISS y la difusión del paradigma de la democracia del cuidado no son lo mismo, pero dialogan claramente entre sí. La agencia catalana actúa en el plano de la organización institucional y la gobernanza; la democracia del cuidado, en el plano ético, político y cultural. No obstante, ambas iniciativas apuntan hacia la misma dirección: superar modelos fragmentados y avanzar hacia sistemas de cuidados más coherentes, equitativos y centrados en las personas.
Desde la perspectiva de las entidades, tanto públicas como privadas, esta convergencia resulta especialmente significativa. La integración social y sanitaria puede facilitar mejores condiciones de atención, pero solo alcanzará su pleno sentido si se orienta explícitamente a:
- reforzar la autonomía personal;
- garantizar la participación de los ciudadanos;
- y reconocer el cuidado como un pilar del Estado social y democrático de derecho.
Los acontecimientos recientes muestran que el debate sobre los cuidados está evolucionando: ya no se trata únicamente de cómo organizar mejor los servicios, sino de qué modelo de sociedad queremos construir en torno al cuidado.
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[1] Llei 10/2025, de 26 de novembre, de l’Agència d’Atenció Integrada Social i Sanitària de Catalunya. Disponible en: https://portaljuridic.gencat.cat/ca/document-del-pjur/?documentId=1030418
[2] Recientemente se han publicado dos libros de esta profesora en catalan: Tronto, J. (2025) Democràcia i cura. Barcelona: Raig Verd Editorial, S.L. y J. C. Tronto (2025) Qui se’n cuida?. Com redissenyar una política democràtica. Barcelona: Raig Verd Editorial, S.L.
Claves para el futuro de las políticas de cuidados
- La integración social y sanitaria es una herramienta, no un fin: debe evaluarse por su impacto en los derechos y la calidad de vida.
- La democracia del cuidado aporta un marco ético y político imprescindible para orientar las reformas institucionales.
- Las personas con necesidades de cuidados de larga duración deben ser reconocidas como protagonistas activas, y no únicamente como destinatarias de servicios.
- El futuro de los cuidados exige combinar buena gobernanza, participación ciudadana y justicia social.
